Viendo la televisión en mi sofá, las imagenes se sucedían como aves en una charada loca. Las bolsas jugaban con el dinero como si fuera un casino diabólico hasta llegar la banca rota. Sólo pensaba cuándo llegaría el momento en que el monstruo que todos teniamos dentro enjaulado y dormido surgiese y se conviertese en una bola explosiva, como en Londres que sus jovenes ardían porque les habían robado sus sueños consumistas y ahora sus vidas estaban vacias de contenido.
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