DIA UNO EN EL PSIQUIATRICO.
Salí de casa en aquella ciudad-monstruo-gran cabrón- goyesco repleta de personas, de hombres que llevaban carritos con sus vástagos que lloraban como ratas hambrientas de carne podrida. Me adentré en las aceras llena de masa. Una masa que era una plaga. Las luces de colores parpadeaban para consumir, pero los hombres medio no consumían, miraban como monos enjaulados en su laberinto de vida predeterminada por sus padres, amigos y vecinos. Paseaban como tontos o estaban sentados en sus coches angustiados, en medio de un humo tóxico. Todo el mundo discutía para ir más rápido a ninguna parte.
Vestido de Papa Noel sace del saco una recortada y comencé a disparar a todos aquellos pobres insectos amasados en termitas que era aquella megaciudad de irritante olores y ruidos.
-¡Bienvenidos a esta macabra Navidad! ¡Bienvenidos al Estado Déficit de Población!
Ahora estoy encerrado, y hay muchos como yo , en el Psiquiatrico de Otoya. Escuchando las olas del mar y riendome de todos aquellos que están en el engranaje del barco que se va a la deriva con capitanes que lo saben pero que ni les interesa, ni les importa la castastrofe
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