Iendo por la calle con mi amigo Oriol. Hablábamos del año tan duro que nos venía encima. Económicamente y socialmente. De repente me comentó sobre una teoría sobre los mayas de que según su calendario a finales del año 2012 se acabaría el mundo. Justo en ese momento me paré y le contesté que los españoles destruyeron toda su cultura y que era imposible recrear con exactitud el calendario maya. Mas bien no le dije destrucción le dije teodicidio. Y le remarqué que los dirigentes o la propia sociedad nos marcabamos miedos para no seguir adelante. Como era el caso del cambio del milenio que hubo una histeria colectiva en que todos pensabamos que nuestros ordenadores explotarían. O situaciones así que había sucedido. Oriol se enfadó mucho. Yo sólo decía que el miedo no era el mejor factor para caminar hacia el futuro. Y lo decía el mayor pesimista de la ciudad. Pero Oriol como toda la población estaba enganchada en un opio de terror a lo que podía pasar al día siguiente a las campanadas como si de un cuento de ETA Hoffmann fuera.
sábado, 31 de diciembre de 2011
FELIZ CATACLISMO 2012
Iendo por la calle con mi amigo Oriol. Hablábamos del año tan duro que nos venía encima. Económicamente y socialmente. De repente me comentó sobre una teoría sobre los mayas de que según su calendario a finales del año 2012 se acabaría el mundo. Justo en ese momento me paré y le contesté que los españoles destruyeron toda su cultura y que era imposible recrear con exactitud el calendario maya. Mas bien no le dije destrucción le dije teodicidio. Y le remarqué que los dirigentes o la propia sociedad nos marcabamos miedos para no seguir adelante. Como era el caso del cambio del milenio que hubo una histeria colectiva en que todos pensabamos que nuestros ordenadores explotarían. O situaciones así que había sucedido. Oriol se enfadó mucho. Yo sólo decía que el miedo no era el mejor factor para caminar hacia el futuro. Y lo decía el mayor pesimista de la ciudad. Pero Oriol como toda la población estaba enganchada en un opio de terror a lo que podía pasar al día siguiente a las campanadas como si de un cuento de ETA Hoffmann fuera.
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