En mi infancia se puso de moda unas diademas de broma con cuernos de plástico incorporados a ellas. Fue una etapa ni triste, ni alegre podriamos decir que asfixiante. Para mis padres, que en aquella época se estaban separando, era como una planta. No molestaba, no era un niño travieso. Era solitario. La soledad acentuaban más las peleas diarias de mis padres. Si hubiera tenido hermanos, amigos de mi edad podría haberme escapado de aquellas aburridas peleas domesticas pero sólo aquella diadema fue mi única salvación. Cuando me la ponía me transformaba en otro ser, en otra persona que viajaba a mundos imaginarios.
Y ahora pienso: ¡Si pudiera encontrar la diadema y ponérmela otra vez!
No hay comentarios:
Publicar un comentario