jueves, 28 de julio de 2011

SUSPENSIÓN DE PAGO


El hombre de cabeza de conejo pidió unas fresas,
después unas perlas rodeadas de jade
y
un viaje al Taj Majal.
El hombre conejo quería un colmillo
de oro
para
comer carne de caballo blanco
y
pez de acuario.
Quería un aren de conejas
para fornicarlas y sodimizarlas
hasta destrozar
los labios pintados de carmín.
El día de San Martín
los hombres de corbata negra
con guates americano
con enormes y grandes penes venosos
reventaron
el trasero del hombre de cabeza de conejo.


miércoles, 27 de julio de 2011

BOCADO DE CONEJO


Y cuando el conejo despertó se encontró con la explosión de una realidad que no había visto jamás.
Con colores violados.
Dientes en sus carnes blandas.
Sangre por toda la pared.
El conejó despertó y encontró por casualidad el peor invento de la humanidad; la realidad.

martes, 12 de julio de 2011

SOÑAR


Después de soñar explotó violentamente la realidad.

domingo, 10 de julio de 2011

CALAVERA


Amapola y yo ibamos por el desierto blanco. El que años antes fue un inmenso mar. Aquellos que en la desesperada huída no pudieron escapar del infierno de salir de la ciudad se quedaron sus huesos enterrados en aquellas piedras blancas. Sus calaveras macábramente nos sonreían como diciendo que todos acabaríamos así. A lo lejos veíamos como Adán y Cristian jugaban. No habían visto el mar, sólo aquel desierto y la ciudad sin gente, vacía y sin vida. Nos acercamos y vimos horrorizadas como jugaban como si fuera una pelota de fútbol con una de las calaveras que había esparcidas en el desierto.

CASTOR

miércoles, 6 de julio de 2011

DESIERTO DE ARAL


Hacía más de un año que todos se habían ido. La ciudad se había quedado vacía y sólo quedabamos un reducto de lo que había sido la civilización. "Los últimos de Filipinas", me decía Amapola sonriendo sin saber lo que significaba aquella frase. Los sábados desaparecía en aquel enorme desierto que antaño fue un enorme mar. La espié y la perseguí en aquellas tierras de suelo salino y blanquecino hasta llegar a un buque en medio de la nada. Se llama "El Dorado". Era un petrolifero que se había encallado para la eternidad en aquel desierto. Amapola se prostituía con la tripulación por varios potes de conserva. Era de esa forma que consguía comida para las dos. Me dolió tanto aquel gesto tan valiente y digno que yo no lo hubiera hecho jamás. No le dije nada quería comer para sobrevivir aquel holocausto natural y me daba igual como se conseguía aquellas potes.

martes, 5 de julio de 2011

NIÑO


En mi infancia se puso de moda unas diademas de broma con cuernos de plástico incorporados a ellas. Fue una etapa ni triste, ni alegre podriamos decir que asfixiante. Para mis padres, que en aquella época se estaban separando, era como una planta. No molestaba, no era un niño travieso. Era solitario. La soledad acentuaban más las peleas diarias de mis padres. Si hubiera tenido hermanos, amigos de mi edad podría haberme escapado de aquellas aburridas peleas domesticas pero sólo aquella diadema fue mi única salvación. Cuando me la ponía me transformaba en otro ser, en otra persona que viajaba a mundos imaginarios.
Y ahora pienso: ¡Si pudiera encontrar la diadema y ponérmela otra vez!