Yo era profesor de literatura en el instituto Antonio Machado y ella mi alumna. Empezamos en primavera a vernos en mi casa ya que ambos insistimos en que yo debía darle clases de repaso de gramática española además de inglés. En plena canícula y en una de la últimas clases, yo le ensañé cómo se debía leer un poema. Ella se emocionó y lloró. En su agradecimiento me enseñó su cuerpo. Hicimos el amor en un mar de sudor. En aquell tarde los dos nos sentimos sólos y vacios, no alegres por desear lo que habiamos deseado desde hacía tiempo sino por que al final y al cabo esas clases eran cul de sac, algo pasajero en nuestras vidas, algo que recordariamos con dulcura, un secreto más en nuestras vidas.
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