martes, 8 de febrero de 2011

LA MUERTE



La odiaba con tanta intensidad, con tanta fuerza que me fui de su lado para no verla. Me fui lejos, a Buenos Aires pero en aquella ciudad no encontré la paz que buscaba. La familia y sobretodo ella y su alargada y afilida sombra me perseguía todo el día y toda la noche hasta llegar la madrugada que era el momento en que podía descansar. En cualquier momento del día pensaba en ella, en la mala relación que teniamos, en nuestras peleas domesticas infernales que eran como nudos gordianos. Cuando me dijeron que había muerto respiré de alivio pero después lloré, lloré y lloré.

No hay comentarios: