Jana siempre hablaba de ella. Ella era el centro . Yo sólo un satélite que escuchaba. En aquella época sólo monologaba de su amante Javier. Cuando era amante y pasaba a novio, después a amante después a novio hasta que cayó en una depresión. Su frase favorita era que la similitud entre un bisonte y un hombre era que los dos habían desaparecido de la faz de la tierra. La última vez que me lo dijo estaba en cama hinchada de chocolate y diazepan y en la etapa en que Javier era novio.
Los satélites respiramos , amamos, odiamos, reímos y sobretodo también lloramos.
Estuvimos una buena temporada sin vernos ya que aludía que no quería salir de su casa. Sólo se conectaba por medio de las redes sociales. Desapareció de mi vida.
Al año nos vimos y me explicó que estaba enamorada de un ingeniero informático, que lo conoció en el mesenger. " No es como Javier, pero Klaus es un buen compañero y es juguetón". Acabado el relato de folletín rosa empezó a sacar faltas de mi vida. Fracasada en el amor y en el trabajo era lo que me decía entrelineas, mientras sorbía el café con leche con sacarina. Y al final me bombardeó diciéndome que me había de cuidar más ya que me estaba volviendo como una muñeca flácida y calva. "Así no encontrarás ningún bisonte". Nos despedimos. Antes de darme dos besos me hizo una de sus típicas mamolas. Entró en el taxi y en la ventanilla con su mano blanca me daba besos de despedida. Había acabado de aquella cita destrozada, lábil y necia.
No podía más y para aquella mujer, que se sentía en ese momento María Antoñeta, Elvis y Jesús al mismo tiempo, saqué una caja de fósforos de mi abrigo. Prendí fuego a una cerilla y la llevé a mi pelo. Allí estaba quieta mientras se iba el taxi y los ojos de Jana me miraba como mi pelo ardía . Le demostraba que tenía una buena cabellera y sentimientos.
Relato dedicado a R.V.M