miércoles, 12 de octubre de 2011

MUJER VICTORIANA POSTRADA EN LA CAMA BUSCA VISONTE


Jana siempre hablaba de ella. Ella era el centro . Yo sólo  un satélite que escuchaba. En  aquella época sólo monologaba de su amante Javier. Cuando era amante y pasaba  a novio, después  a amante después  a novio hasta que cayó en una depresión. Su frase favorita era que la similitud entre un bisonte y un hombre era que los dos habían desaparecido de la faz de la tierra. La última vez que me lo dijo  estaba en cama hinchada  de chocolate  y diazepan  y en la etapa en que Javier era novio. 
Los satélites  respiramos , amamos, odiamos, reímos y sobretodo  también  lloramos.
Estuvimos una buena temporada sin vernos  ya que aludía  que no quería  salir  de su casa. Sólo  se conectaba por medio de las redes sociales. Desapareció de mi vida.
Al año nos vimos  y me explicó que estaba enamorada de un ingeniero informático, que lo conoció en el mesenger. " No es como Javier, pero Klaus  es un buen compañero y es juguetón". Acabado el relato de folletín rosa empezó a sacar  faltas de mi vida. Fracasada  en el amor y en el trabajo era lo que me decía entrelineas, mientras  sorbía  el café con leche con sacarina. Y al final  me bombardeó  diciéndome  que me había de cuidar  más ya que me estaba volviendo como una muñeca flácida y calva. "Así no encontrarás ningún bisonte". Nos despedimos. Antes  de darme dos besos me hizo una de sus típicas mamolas. Entró en el taxi y en la  ventanilla con su mano blanca me daba besos  de despedida. Había acabado de aquella  cita destrozada, lábil y necia.
No podía más  y para  aquella  mujer, que se sentía en ese momento María Antoñeta, Elvis y Jesús al mismo tiempo, saqué  una caja de fósforos de mi abrigo. Prendí  fuego a una cerilla  y la llevé  a mi pelo. Allí estaba  quieta  mientras  se iba el taxi  y los ojos de Jana me miraba  como mi pelo ardía . Le demostraba que tenía una buena cabellera y sentimientos.

Relato dedicado a R.V.M

lunes, 3 de octubre de 2011

LA BICICLETA DE MI PRIMA


Las bicicletas también se rompen.  Aquella, cuando era niño, se rompió en aquel pueblo rodeado de viñas. Era veloz. Mi abuela cuando observó el destrozo causado no me dijo nada. No era mujer de pocas palabras, sino era un hombre que gobernaba la familia mal. Al día siguiente descubrí que aquella bicicleta no era mía sino que era de mi prima. Una prima que no conocía. Por supuesto y era evidente que mi abuela la había sustituido por otra de color rosa con lazos bien grandes y cesta de color verde pastel para que no subiera. Descaradamente me invitó a que subiera a esa bicicleta para jugar con mis amigos. Lo había planeado para que su nieto bruto se quedara viendo la monotonía de las viñas.