viernes, 29 de abril de 2011
TERCERA PARTE DEL CUENTO EL CORAZÓN VERDE
En la ciudad perdida en la costa de africana y después de múltiples revoluciones y guerras se perdieron la religión de los ancestros. Vinieron los europeos y establecioeron sus creencias de odio al ser y a la tierra. Aquellos que querían seguir con aquellas creencias ancestrales de sus abuelos se tenían que ocultar. Se debían esconderse bajo un manto de paja por miedo a ser descubierto cuando hacían sus rituales en el corazón de la selva verde.
jueves, 28 de abril de 2011
SEGUNDA PARTE DEL CUENTO EL CORAZÓN VERDE
Fui con un grupo a la selva. Nos esperaba el chamán. El miedo me asolaba. Salimos del pueblo sigiloso a media noche en lucha llena cuando todos estaban en el sueño más profundo. La noche marcaba más la tragedia y las señales de las múltiples guerras que había asolado el país. Cuando nos alejábamos de la ciudad en realidad nos alejábamos de la civilización.
miércoles, 27 de abril de 2011
PRIMERA PARTE DEL CUENTO EL CORAZÓN VERDE
Cuando lo ví, mis ojos ardieron y mi garganta se convirtió en un río salado. Estando en el corazón de la selva el chamán hechizaba a todos por igual. Fumaba una gran pipa de madera y nos echaba el humo rosa por todo el cuerpo. El chamán rezaba cánticos de la época de cuando el hombre aún era mono. Saltaba y nos miraba fíjamente mientras nosostros bailabamos alrededor de él. Poco a poco nuestra piel se convertía en verde y nuestra sangre en sabia de árboles milenarios. Hizo que el viento del sur viniera y nos sujetara para la eternidad nuestras entrañas en la tierra roja y blanda. La comunión con la selva verde llegó cuando nuestros corazones explotaron y salieron cientos de aves de plumajes exóticos.
martes, 26 de abril de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
ALEXANDERPLATZ
Mi padre Klaus, viudo desde hacía mucho tiempo, tenía un pequeño colmado cerca de la plaza Alexander Platz. Mi hermana era una chica despierta, demasiado despierta para los dieciochos años y a mí me trataban como si viviera en al borde de otro mundo. Para los dos ya les iba bien que yo no hablara y fuera muy tímida. Un día pasando por la calle ví mucha gente, en medio había una muchacha de mi edad que le había puesto un carte donde se podía leer "Cerda judía". Me quede helada. Todos estaban orgullosos de contemplar aquella escena desagrable. Me fui corriendo a mi casa y me senté el respaldo de la ventana, entre las cortinas. Pensaba en voz alta que si fuera yo ocultaría mi religión, veía con claridad que toda aquella gente no tenía mucho futuro en aquel país. Mi padre me estaba escuchando y replicó con voz autoritaria como siempre había hecho diciendome que todos habían de morir.
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