En el pueblo de mi abuela Santa Angustias de Guadalope, perdido en la estepa fría. Hacía años que no pisaba aquella casa vetusta, encerrada por el olvido. El olor a humedad tan profundo me entristeció cuando peseaba por las estancias. Cuando entré a la habitación de mi abuela, ví con nostalgia perturbadora el gran cuadro de San Antonio de Pádua como colgaba encima de su cama forjada en hierro. Había un baúl de roble grande justo a lado de la ventana. Lo abrí. Salieron ciento de polillas volando por toda estancia. Se habían comido toda la ropa, el ajuar, el recuerdo que tanto cariño había guardado mi abuela Dolores.
- ¿Estás bien? No te preocupes por estos bichos. Al final decoraremos toda la casa de Ikea.- Me dijo mi hermana alegremente mientras abría todos los balcones e iluminaba cada vez más la casa entrando una nueva etapa aquella casa tan entrañable de mi infancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario